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"Cuando miré para atrás, todos aún estaban ahí. Agitando las manos. Un pequeño nudo. Gente que vive con sus sueños, mientras el resto del mundo vive con sus pesadillas. Cada noche pienso en este viaje. Ese cielo nocturno. Esas sendas en el bosque. Veo los talones de la camarada Kamla en sus flip flops desgastados, iluminados por la luz de mi linterna. Sé que ella está en movimiento. Marchando, no sólo para ella misma, sino para mantener viva la esperanza para todos."

Adjuntamos el siguiente reportaje de la reconocida escritora india Arundhati Roy sobre los Naxalitas. Roy convivió varias semanas con los guerrilleros maoístas. Desde Diamat recomendamos encarecidamente su lectura para entender un poco más a nuestros camaradas y la Guerra Popular India.

En este texto abordaremos de forma resumida el proceso de reconstitución del Partido Comunista del Perú y la posterior Guerra Popular dirigida por este Partido. Dicha guerra revolucionaria estaba encaminada a la conquista del poder político por parte de las masas populares y al establecimiento de una dictadura de carácter democrático-popular –debido a las condiciones del Perú, esto es, semicolonialidad y semifeudalidad- como paso previo al socialismo y, posteriormente, a la sociedad sin clases sociales, al comunismo.

El proceso de reconstitución del PCP es un ejemplo de aplicación de la tesis leninista del Partido de nuevo tipo como fusión de vanguardia y masas. Frente a la concepción en boga dentro del campo revisionista que equipara el Partido Comunista a una organización de vanguardia, la cual, posteriormente, se dirige al movimiento de masas para intentar dirigirlo (siempre con un resultado nulo, ya que, aunque en algunos casos –los menos- consigan ejercer cierta influencia sobre las masas, no son capaces de conformar un movimiento revolucionario y se quedan dentro de los límites de la legalidad burguesa, es decir, dentro de la participación electoral-parlamentaria y la lucha sindical), los comunistas peruanos reconstituyeron el Partido Comunista conquistando a los sectores más avanzados de las masas mediante la creación de organismos generados y de escuelas populares. Estos sectores avanzados son los que actúan de intermediarios entre la vanguardia ideológica y las amplias masas de obreros y campesinos pobres para así conformar un movimiento político revolucionario que fusione el socialismo científico con el movimiento de masas. De este modo fue la vanguardia maoísta quien, de forma consciente, construyó el movimiento revolucionario a través de su línea de masas y no se plegó ante el espontaneísmo, al contrario de lo que hace el revisionismo, que espera a que surjan movimientos de masas para, posteriormente, acudir a ellos e intentar dirigirlos sin ningún éxito en dicha tarea.

El tránsito a la organización revolucionaria es una necesidad, lo exige el cambio de situación histórica, lo reclama la época de las acciones revolucionarias del proletariado; pero este tránsito sólo es posible si se salta por encima de los antiguos líderes, estranguladores de la energía revolucionaria, si se salta por encima del viejo partido, destruyéndolo.

V.I. Lenin, La bancarrota de la II Internacional

 

Señalaba Marx en El Capital, al describir el papel de la manufactura en el desarrollo del capitalismo, que la cooperación en la producción (entendida como unidad o “coincidencia” de los obreros individuales para producir en un mismo tiempo y lugar y bajo las órdenes de un mismo capitalista) no fue en modo alguno un producto consciente de los trabajadores, sino que emanó del modo en que los empleaba el capital, aseverando que “la concatenación de sus funciones y su unidad como cuerpo total productivo están fuera de ellos, en el capital que los reúne y los mantiene juntos (…) Como personas independientes los obreros son individuos que entran en relación con el capital, pero no consigo mismos. Su cooperación no se inicia sino en el proceso de trabajo, pero en éste han cesado ya de pertenecerse a sí mismos. (…) Como obreros que cooperan (…) no son más que un modo especial de existencia del capital.”[1]

Esta es sólo una de las muchas formas en que Marx interpretó la situación de la clase obrera como clase producto de unas condiciones que le son ajenas y ante las cuales la supresión de su posición subalterna sólo puede presentarse en la forma aniquiladora de todo el sistema social existente que, con el marchar de la historia accionada por el proletariado consciente, toma la forma de dictadura revolucionaria proletaria hasta la total extinción de las clases sociales.

Apreciada esta premisa marxista, hemos de ponderarla ante la última de las propuestas emanadas del campo revisionista en el Estado español en un momento social marcado por la reconfiguración del imperialismo europeo y su concreción a nivel estatal. La radicalización de la aristocracia obrera, determinada por la agresión a que la está sometiendo la burguesía monopolista, obliga a su reivindicación política “extrema”, el revisionismo, a tomar oxígeno, a pulsarse y purgarse a sí misma para ser una referencia creíble ante sus masas, máxime cuando la crisis económica pone en efervescencia a los movimientos de resistencia que, como agua de mayo, esperaba el oportunismo. La proletarización de sectores de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía  “impone un cambio” en las directrices políticas del revisionismo de tal modo que, según ellos, han de modificar su “estrategia revolucionaria”[2]Argumento éste, el de cambio con respecto a la estrategia propulsado por la crisis, inserto en la definición clásica de oportunismo por cuanto señala que la estrategia de la Revolución depende de las crisis puntuales del capital y no del carácter de las relaciones sociales y del Estado en que cristalizan, así como de la (re)constitución del sujeto revolucionario, sin el cual no puede desatarse la estrategia revolucionaria. Sólo con estas premisas dadas, entonces sí, hay que tener en cuenta las medidas políticas que implementa la clase dominante, que no son más que la forma que toma la correlación de fuerzas de clase en un contexto determinado, y que por tanto atienden al soporte táctico de la revolución; y no a la caracterización estratégica de la misma. 

Así ocurre que la base en torno a la que pivota hoy la derecha del movimiento comunista en el Estado español, el PCPE, cambia la efímera “propuesta histórica” que representaba el colorido “frente de izquierdas” hacia la tercera república por el “frente obrero y popular” que ha de guiar hasta un Poder homónimo a los trabajadores. Un nuevo frente que estará nucleado por los Comités para la Unidad Obrera (CUO) una vez las masas hayan comprendido, a base de huelgas y arañando derechos al capital, que el PCPE es su Estado Mayor.

A continuación reproducimos las cuatro entregas que componen este texto recogido en la web endefensademao.

I

Mucho se ha hablado y se sigue hablando del particular desarrollo de la realidad interna en el PCCh durante los años de vida de Mao. Los detractores de Mao insisten en contraponer la postura de Mao a la postura general de Stalin, que fue en una etapa concreta también la postura de Lenin.

La postura es polémica y merece la pena analizar la cuestión con detenimiento y de manera crítica, pues las defensas irracionales son tan contraproducentes como las críticas filisteas. 

Un partido monolítico

El proletariado revolucionario y el conjunto de clases subalternas aliadas se organizan políticamente en el Partido Comunista. Éste partido, que refleja la relación social de elevación permanente entre la vanguardia y las masas (sin entrar en consideraciones ahora de las múltiples contradicciones y extracciones de ambos elementos), debe ser dirigido por la teoría revolucionaria del proletariado.

Stalin decía:

La teoría de “vencer” a los elementos oportunistas mediante la lucha ideológica dentro del Partido, la teoría de “acabar” con estos elementos dentro del marco de un partido único es una teoría podrida y peligrosa, que amenaza con condenar al Partido a la parálisis y a una dolencia crónica, que amenaza con entregar el Partido a merced del oportunismo, que amenaza con dejar al proletariado sin Partido revolucionario, que amenaza con despojar al proletariado de su arma principal en la lucha contra el imperialismo. Nuestro Partido no hubiera podido salir a su anchuroso camino, no hubiera podido tomar el Poder y organizar la dictadura del proletariado, no hubiera podido salir victorioso de la guerra civil, si hubiese tenido en sus filas a los Mártov y a los Dan, a los Potrésov y a los Axelrod. Si nuestro Partido ha conseguido forjar dentro de sus filas una unidad interior y una cohesión nunca vistas, se debe, ante todo, a que supo librarse a tiempo de la escoria del oportunismo y arrojar del Partido a los liquidadores y a los mencheviques. Para desarrollar y fortalecer los partidos proletarios, hay que depurar sus filas de oportunistas y reformistas, de social-imperialistas y social-chovinistas, de social-patriotas y social-pacifistas. (1)


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